
La Feria de Cali nació con un propósito sencillo pero profundo: devolverle la alegría a una ciudad que caminaba con pasos lentos y tristes a causa de uno de sus momentos más dolorosos – la explosión del 7 de agosto de 1956 .
A finales de 1958, cuando Cali buscaba levantarse de días difíciles, surgió la idea de crear un espacio que devolviera la esperanza y le permitiera a las familias celebrar nuevamente. Así, entre música, comparsas, artesanías y manifestaciones culturales, los caleños celebraron su identidad. Aquella fiesta local, que parecía sencilla, fue el inicio de lo que se convertiría en la gran Feria de Cali.
Con los años, las primeras celebraciones se transformaron en una fiesta más ordenada y representativa. Artesanos, bailarines, músicos y emprendedores encontraron en la Feria un escenario para mostrar su talento mostrando que la cultura hace parte de la memoria colectiva. Cali comenzó a reconocerse en sus ritmos, colores y creatividad .
La Feria creció rápidamente,y con cada edición aumentó el número de personas que querían ser parte de ella, reflejo de una ciudad que respira cultura. Los tradicionales desfiles tomaron más fuerza y el baile, la puesta en escena y la armonía de este gran encuentro evidenciaron la necesidad de contar con una institución que organizara, cuidara e impulsará esta celebración.

Por esta razón, las autoridades caleñas decidieron consolidar una entidad dedicada a promover la cultura de la ciudad: Corfecali. Desde entonces, la corporación – junto a los desfiles, festivales e iniciativas que lidera y acompaña– ha fortalecido la Feria hasta convertirla en uno de los eventos culturales más importantes del país.
“La Feria ya no podía depender sólo del entusiasmo popular; necesitaba una entidad que la cuidara, que organizara todo lo que implica un evento de esta magnitud y que se asegurara de que no perdiera su esencia mientras seguía creciendo. Ahí es donde entra Corfecali: para proteger lo que la ciudad creó, darle estructura a su evolución y mantener viva una celebración que nació siendo pequeña, pero que hoy es uno de los orgullos culturales más grandes de Cali”, comenta David Lerma Hincapié, director operativo de Corporación de Eventos y Espectáculos de Cali, Corfecali.
El crecimiento, por supuesto, no ha sido sencillo. La Feria de Cali es un encuentro cultural construido a partir del aprendizaje constante, donde productores y artistas fortalecen su oficio edición tras edición. Este proceso de profesionalización se refleja cada año en espectáculos de mayor calidad y rigor escénico. En otras palabras, el reconocimiento global que hoy tiene la Feria no sería posible sin el camino de crecimiento sostenido que se consolida en cada una de sus versiones.
“La Feria funciona como un lugar que te da ‘tabla’, te da experiencia, para participar de otros eventos. Te entrena para aprender a convivir con tantas personas y tantas formas de pensar diferente para trabajar con un mismo objetivo”, cuenta Camilo Zamora ‘Mulato’, hito de la cultura salsera caleña.

Para finales del siglo XX, la Feria dejó de ser una fiesta local y se abrió al mundo. Turistas de todas las regiones llegaban atraídos por la autenticidad caleña, mientras artistas internacionales y medios extranjeros empezaron a ver a Cali como un referente de la salsa y el baile. La Feria dejó de ser una fiesta local para convertirse en una vitrina global de la diversidad cultural de la ciudad.
“La Feria siempre ha sido una vitrina y, al mismo tiempo, un espacio de aprendizaje (…) Durante el año no existe otro escenario con tanta afluencia de público nacional e internacional; por eso, la Feria se convierte en el lugar ideal para mostrar nuestro talento, para darnos a conocer y para que surjan nuevas oportunidades, contratos y proyección”, afirma David Zamora, bailarín caleño.
Hoy, tras 67 ediciones, la Feria de Cali no es solo una celebración que se renueva cada diciembre, sino un espejo de la ciudad que la creó. Una fiesta que nació para sanar, creció para encontrarse y que existe para narrar quiénes somos.
Entre desfiles, música y baile, la Feria conserva la memoria de sus barrios, el esfuerzo de sus artistas y la alegría colectiva de una ciudad donde la cultura se vive como una forma de vida. Del 25 al 30 de diciembre, Cali volverá a abrir sus calles y su corazón para celebrar su historia, conscientes de que la Feria no es un evento cualquiera, sino un ritual que une generaciones, territorios y visitantes alrededor de una identidad compartida
“El crecimiento de la Feria de Cali ha sido la prueba más bonita de lo que sucede cuando una ciudad cree en su propia cultura. Lo que empezó como una fiesta pequeña, hecha con las ganas de la gente y el ritmo de los barrios, fue tomando fuerza hasta convertirse en un evento que hoy mueve a toda la ciudad y atrae a visitantes de todo el país. Ese salto no sucedió de la noche a la mañana: fue el resultado de años de dedicación, del amor por la salsa y de la necesidad de reunirnos alrededor de algo que nos representa”, explica Hincapié.
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